martedì 28 febbraio 2017

Conociéndome: impresiones de la autoevaluación de Inteligencias Múltiples

Mis resultados del test de autoevaluación señalan que las dos inteligencias predominantes en mi caso son la espacial y la naturalista. Les siguen, por muy poco, la interpersonal y la lingüística. La verdad es que me sorprende parcialmente, ya que consideraba que ésta última se situaría más arriba en los puestos de la lista (¡he estudiado filología!).

Lo que no me sorprende es encontrar las inteligencias cinestésica y matemática con puntuaciones mínimas. Nunca me he sentido atraída por la matemática o la educación física, a pesar de que me gusta, por ejemplo, pasear (aunque suele ser en el medio natural). Creo, de hecho, que esa puede ser la clave para desarrollar estas dos capacidades de puntuaciones austeras: realizar actividades que integren conocimientos asociados a más de una inteligencia, realizar deporte en el medio natural o asociar el cálculo matemático a representaciones espaciales, en este caso.

Sí que me doy cuenta de que estos resultados no son completamente ajenos a la reflexión que realizo sobre mis intereses y mis preferencias a la hora de realizar actividades, principalmente, en mi tiempo libre. Pero el test también me ayuda a analizar cómo actúan otras personas que puedan tener inteligencias predominantes diferentes a la mía. De hecho, también mi compañero ha realizado el test y vemos claramente que hay rasgos que nos diferencian (él se inclina más hacia cinestésica e intrapersonal). Así que, está claro que somos diferentes y desde siempre hemos sabido que aprendemos de manera diferente, ahora además, somos aún más conscientes de ello.

Tirando de este hilo y recordando la pregunta que se refiere a compañeros/ alumnos que tengan inteligencias predominantes evidentes, reflexiono sobre la situación de los compañeros que estudiaban conmigo y que no conseguían seguir el ritmo de las clases, por ejemplo de lengua castellana o inglés, cuando yo no tenía ningún problema. Creo que no se intervino como se debería en muchos de estos casos: no se adaptaban las estrategias, si no que se derivaban a tareas o clases de refuerzo que seguían las mismas técnicas de aprendizaje.

Con el tiempo, sin embargo, he conocido personas que, siendo conscientes de sus inteligencias y capacidades, han resultado ser magníficos compañeros de trabajo, que han aportado perspectivas e ideas que yo no hubiera previsto de ningún modo. Está claro que esta diversidad es parte de la complejidad que nos rodea. Pero, es verdad, que, por otro lado, veo que muchas personas no son conscientes de estas inteligencias; es más, siguen considerándose “alumnos malos” por no haberse adaptado en el sistema escolar tradicional, aunque reconocen que tienen talentos o habilidades en otros campos (sin considerarlo “inteligencia”, como decía Gardner).



Es evidente, por ello, que deberíamos adaptar la educación a este nuevo paradigma, en el que todas las personas puedan ser valoradas por igual, no como antaño basándose en un solo modelo correcto (el IQ test). Creo que a los docentes se nos abre una puerta a un cambio educativo muy significativo y, me gustaría añadir, inevitable.

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